El pasado mes de agosto, a sus 44 años, Natalie Portman daba la bienvenida a su tercer hijo, el primero junto al productor musical francés Tanguy Destable. Ahora, la actriz ha hablado por primera vez de la llegada del bebé en una entrevista concedida a Harper’s Bazaar, en la que ha compartido la felicidad que siente en este momento tan especial.
“Estoy maravillada y llena de alegría por este pequeño ser humano tan mágico”, ha confesado la intérprete, quien también es madre de Aleph, de 15 años, y Amalia, de 9, nacidos de su anterior matrimonio con el coreógrafo Benjamin Millepied.
Precisamente, la llegada del nuevo miembro de la familia le ha permitido observar desde otra perspectiva a sus dos hijos mayores y comprobar cuánto han cambiado con el paso de los años. “Esto también me hace ver a mis hijos mayores con otros ojos, ya que me recuerda lo poco que hace que eran esas pequeñas criaturas recién llegadas al mundo y lo rápido que se han convertido en personas increíbles, con sus propias y maravillosas personalidades, su sentido del humor y sus ideas”.
En ese sentido, también ha querido destacar la tranquilidad con la que ha podido vivir esta etapa en París, donde asegura que la atención mediática ha sido muy distinta a la que recibió durante sus anteriores embarazos, cuando residía en Estados Unidos. “Cuando estaba embarazada en Nueva York y Los Ángeles, veinte hombres me seguían cada día. Hay muchísimo interés por las mujeres embarazadas en particular. Nunca me habían molestado tanto. Y aquí, aunque saben que estoy embarazada, prácticamente me han dejado en paz”, ha explicado.
Esta experiencia también le ha permitido tomar conciencia de lo diferente que vive ahora la maternidad, con una mayor consciencia del tiempo y una perspectiva mucho más madura. “Hay una gratitud que, cuando eres joven, no necesariamente comprendes”, ha reflexionado. “También hay una calma y un conocimiento de mí misma, de con quién quiero pasar el tiempo y qué tipo de energía quiero a mi alrededor, que hacen que la experiencia sea preciosa cada día. Y saber que probablemente sea la última vez hace que disfrute de cada momento”.
Más allá de la maternidad, durante la entrevista, la ganadora del Oscar también ha querido matizar la imagen de seriedad con la que se la ha asociado a lo largo de su carrera, que en parte relaciona con la intensidad de algunos de sus papeles más conocidos, como, por ejemplo, el de Nina Sayers en Cisne negro. Aunque su trayectoria incluye personajes dramáticos y exigentes, ha asegurado que esa percepción no refleja necesariamente cómo es ella en su vida cotidiana. “Soy muy payasa, me encanta reírme más que nada y me gusta hacer el tonto. Creo que la gente siempre piensa que soy perfeccionista, pero soy todo lo contrario. Soy indulgente conmigo misma”, ha confesado. Para explicarlo, ha recordado una expresión que utilizaban durante sus años universitarios y que refleja su manera de afrontar el trabajo: “Hecho, no perfecto”.

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Esa manera de entender la vida también se refleja en la importancia que concede ahora a los vínculos personales, especialmente en su nueva relación sentimental, sobre la que ha reconocido que vivir el amor en la edad adulta le permite tener más claras sus prioridades. “Lo más importante es el amor. Y no me da vergüenza decirlo”, ha asegurado. “Creo que todo es muy sencillo, basta con ser amable, querer a los demás y saber reírse. Eso es lo único que importa. Esa es la alegría de tener esta edad. Si no es eso, no voy a dedicarle mi tiempo”.
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