Madonna siempre ha sido una yonqui de la reinvención y por ello se había opuesto sistemáticamente a la nostalgia. Pero en su nuevo álbum, Confessions II , publicado en julio, Madonna por fin ha dejado de perseguir tendencias y se ha permitido hallar la libertad creativa en su pasado, reexplorando la músicadance propia de su ADN.
Tras años en los que solo conseguía ser noticia por sus desconcertantes vídeos en las redes y por su tez más estirada que un tambor, la cantante, que hoy cumple 68 años, ha reestrenado éxito mundial con un álbum que recuerda por qué fue apodada como la reina del pop. Ya no busca competir con las nuevas generaciones, pues ha encontrado en su pasado un nuevo triunfo. Para ello, la cantante ha recuperado el espíritu de Confessions on a dance floor , el álbum que publicó en el 2005, pero esta vez la pista de baile le sirve como puerta de entrada a su propia historia vital.
Madonna actuando en el Times Square el pasado mes de junio XNY/Star Max / GettyEn su nuevo álbum, Confessions II, vuelve a explorar la música dance y cuenta su historia vital
Todo apunta a que el momento en que Madonna cambió esta perspectiva fue en el 2023, tras una grave sepsis que la llevó a la unidad de cuidados intensivos, donde permaneció cuatro días en coma. La enfermedad puso en peligro su vida y obligó a aplazar The Celebration Tour . Cuando finalmente pudo regresar a los escenarios, aquella gira adquirió un significado muy distinto. Ya no era una celebración de sus grandes éxitos, sino un repaso por una existencia marcada por el amor, las pérdidas y el envejecimiento.
Hasta entonces, siempre había mirado hacia delante. Cada disco tenía que ser diferente al anterior, y cada etapa exigía una nueva imagen, algo que explica en las primeras líneas del álbum: “Gracias por venir /A veces me gusta esconderme en las sombras / Crear una nueva versión de mí / Una identidad diferente […] Pero aquí / En la pista de baile / Me siento tan libre”. El gran acto de renovarse para Madonna ha sido dejar de mirar al futuro para incidir en su propia figura, y cuanto más se aleja de la obsesión por ser moderna, más actual parece su historia.
El ejemplo más evidente es Danceteria , una de las canciones centrales del álbum. El título hace referencia al mítico club neoyorquino en el que comenzó su carrera y donde consiguió que el DJ Mark Kamins pinchara la maqueta de Everybody , la canción que terminaría abriéndole las puertas de la industria discográfica y que referencia en el nuevo tema entre homenajes a personajes de aquel Nueva York de los ochenta, desde Basquiat y Keith Haring hasta Debi Mazar o Martin Burgoyne.
El álbum también se adentra en asuntos familiares que Madonna había convertido tradicionalmente en materia privada. En Fragile recuerda a su hermano Christopher, fallecido mientras ella trabajaba en el disco. Su relación había quedado dañada después de que él publicara un libro muy crítico sobre la artista, pero lograron reconciliarse antes de su muerte.
También aparece su madrastra, Joan Ciccone, fallecida de cáncer en el 2024, en Betrayal . Y en The test la conversación familiar adquiere otra dimensión: Madonna comparte protagonismo con su hija mayor, Lourdes León, en una canción que enfrenta a dos generaciones y aborda las dificultades de crecer con una madre famosa.
Madonna & Sabrina Carpenter También planta cara a quienes juzgan su manera de vivir. En Bring your lov e , junto a Sabrina Carpenter, reivindica su derecho a expresarse sin someterse a las reglas. Estrenada en directo en Coachella, el tema une además a dos generaciones de mujeres acostumbradas al escrutinio sobre su imagen y sexualidad.
En el álbum también colabora con Martin Garrix y con Kylie Minogue. Junto a esta última estrenó una nueva versión del tema Love sensation durante el Orgullo de Ámsterdam. El encuentro reunió a dos mujeres supervivientes de una industria especialmente exigente con la imagen y la edad de sus divas y que, lejos de retirarse, siguen encontrando motivos para subirse al escenario y hacer bailar a las nuevas generaciones.
Madonna cuenta que concibió el álbum sin pensar en listas de éxitos, algoritmos ni la inteligencia artificial. Y quizá por eso Confessions II está funcionando como un inesperado renacimiento. No porque haya conseguido volver a ser la de 2005, sino porque ha dejado de intentarlo. La pista de baile sigue siendo su territorio.
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