El extorero Alberto Álvarez ha reaparecido públicamente en Y ahora Sonsoles para relatar el dramático accidente que sufrió hace aproximadamente un mes y medio en su finca ganadera de Zaragoza. Un percance que estuvo a punto de costarle la vida y que, además, dejó su pierna derecha gravemente dañada cuando cayó a una trituradora de pienso mientras alimentaba a sus animales.
"Estoy muy bien", ha afirmado al inicio de la entrevista, antes de apuntar que encara la recuperación con la fortaleza que exige una profesión como la suya, apuntó.
El percance ocurrió mientras realizaba labores habituales en su explotación bajo una intensa lluvia. Solo hicieron falta un resbalón, un apoyo fallido y apenas unos instantes para que todo se descontrolara.
"Cuando ya me caí, estaba consciente, y la máquina me iba dando golpes en las piernas. La imagen mirando para abajo era las piernas de un lado para otro y ensangrentadas. Yo intentaba agarrarme a la barandilla para subir", ha explicado el protagonista. En medio de ese sufrimiento, hubo un pensamiento que eclipsó cualquier otro: su hija. "Por mi Macarena", ha revelado que gritó mientras luchaba por vencer a la muerte.
Si hubo un factor que inclinó la balanza a su favor, fue la rapidez con la que reaccionaron quienes estaban junto a él: "Escapé no solo una vez y, una vez que salí, la pérdida de sangre hizo que cada segundo contará. La atención tan rápida tanto de mi hermano como de mi amigo fue lo que salvó mi vida".
El combate continuó en el hospital. Diez horas de operación separaron la incertidumbre de la esperanza. Fue entonces cuando sintió que la batalla ya no solo dependía de los médicos. "Tu cuerpo se quiere ir, pero yo no me quería ir", ha recordado.
Paradójicamente, la fatídica visita a la finca ni siquiera estaba prevista. Tal como ha detallado, disponía de un breve hueco en su agenda y decidió aprovecharlo para ocuparse del sustento diario del ganado. Aun así, renuncia a instalarse en el lamento o darle vueltas a lo ocurrido. "Nunca he pensado por qué me caí, porque eso no me va a llevar a nada", ha sostenido.
Acostumbrado durante años a enfrentarse a toros en la plaza, el entrevistado ha confesado que jamás había experimentado un terror semejante al que soportó aquel día: "Nada que ver a esto. Esto es multiplicado por 100. Yo sentía que mis brazos flojeaban".




