Carlos Alsina ha hablado este jueves en su sección de El sueño de Alsina sobre la muerte de Maricarmen, la mujer de 87 años que fue desahuciada de la casa en la zona madrileña de Retiro en la que vivió durante más de siete décadas y cuya expulsión ha desencadenado una oleada de reivindicaciones y protestas en toda España.
"Esta noche soñé… que despertaba. Y se había muerto una oyente del programa. Mujer, 87 años, sin hijos, sin pareja, sin nadie más en casa. No tengo la menor idea de si Mari Carmen Abascal era oyente de radio. Ni si, en caso de serlo, sintonizaba esta emisora u otra. Pero cada uno tiene sus hábitos. Y el mío, cuando una persona desconocida, corriente, alcanza notoriedad porque le sucede una desgracia, es imaginar que es oyente nuestra. Lo hago porque eso la mantiene cerca. Me la mantiene cerca y me la mantiene no humanizada, sino humana", arranca el presentador de Más de uno en su monólogo.
Sobre Maricarmen y la situación que vivió, alega: "Una mujer de 87 años a la que se le viene el mundo encima no es ‘un caso’, es una mujer de 87 años, 70 de ellos vividos en un piso cerca del Retiro del que la sacó la policía en cumplimiento de un lanzamiento, nombre preciso (y cruel) que da el procedimiento judicial a un desahucio, sea de quien sea y sea por la razón que sea. Nombre preciso, lanzamiento, para un cruel desahucio. Una mujer de 87 años a la que se le viene el mundo encima no es una maniobra, ni una excusa, ni una coartada. Es una mujer de 87 años. Cuya situación podrá ser utilizada, o aprovechada, por quienes respiran batallando o intentando abortar batallas, pero que, al menos, encontró quien le echara una mano cuando se vio ahogada. Y desesperada. Y desahuciada".
"Soñé que despertaba y, en la radio, una locutora contaba que la conspiranoia cabalga ya desbocada porque se ha muerto Maricarmen. Que el más listo ya ha diseñado una estrategia y el más tonto ya ha publicado un tuit. Que piden que se respete su memoria quienes no han respetado su historia. Y que quien escarba en la desgracia siempre es el otro", prosigue en su relato.
Alsina asegura que en este sueño se puso "en la piel de esos vecinos que habían aparecido en los medios días atrás para ponerla a caldo". "Por su talante, decían, y porque frecuentaba el bingo, qué delito, y me entró tal cargo de conciencia que se me puso del revés el estómago", agrega sobre estos.
"Pensé en la cantidad de cosas que nunca llegamos a saber de Maricarmen. Si era oyente de radio, por ejemplo. Qué programas le gustaban. Qué sintió el día que escuchó su propia historia contada en la radio. Qué le pareció que se sacaran tantas conclusiones sobre ella en las tertulias sin haberla conocido nunca y, mucho menos, tratado. Qué le pareció que tanta gente diera por hecho que votaba a unos cuando igual votó toda la vida a los otros. Qué sabe nadie. Qué sabe nadie y por qué tanta gente actúa como si se lo supiera todo", expone sobre cómo sería la protagonista en su día a día.
Y, por último, concluye su discurso con la siguiente reflexión: "Apurando el café, lamenté que hubiera comentaristas, sueltos de verbo y sueltos de vientre, que incluso después de muerta se exhibieran incapaces de abordar la historia de Maricarmen como si fuera una mujer mayor a la que se le vino el mundo encima, o sea, con una sensibilidad mínima. Me pareció que hay personas que, incluso sin pretenderlo, exudan cada minuto aversión a todo aquello que no encaja en sus gélidos esquemas".



