Después de que horas antes en Telecinco se bromeara con que Antonio Montero había acabado durmiendo en el plató de El verano se mueve por el enfado de Marisa Martín Blázquez, el paparazzi ha vuelto a meterse en terreno pantanoso. Tras confesar que, de no haberse casado, podría haber mantenido una relación con Marisa Jara, ahora ha reconocido que le gustaría poder galantear a otras personas sin renunciar a su matrimonio.
Instalado en una tienda de campaña para seguir el juego humorístico del espacio, Montero ha afirmado que le seduciría disfrutar de una pareja menos encorsetada, aunque enseguida ha deslindado su razonamiento del mero apetito carnal.
"La cosa más emocionante que te puede pasar es pillarte de alguien. A pesar de eso, yo he tenido la suerte de estar en mi casa [...] Para mí es un gran conflicto. Hablo de sentimientos, de la conquista. No hablo de sexo", ha apuntado.
Una posibilidad que, en cualquier caso, no contempla llevar a la práctica porque "Marisa no quiere". Cerrada esa puerta por falta de consenso conyugal, el fotógrafo ha asegurado haber practicado durante 37 años el 'sacrificio' que exige la monogamia: "He tenido que aprender a renunciar. Todos tenemos que renunciar. Pero para mí es un gran conflicto".
El colaborador tampoco ha ignorado las consecuencias que podría acarrear cruzar esa frontera sin el beneplácito de su mujer. "Lo que pasa es que al final sufre todo el mundo, es un desastre", ha lamentado. Por eso, pese a sentirse atraído por un modelo amosoro más abierto, ha descartado aventurarse por su cuenta: "Intento encontrar una solución lógica a eso [...] Para mí, Marisa es mucho más que mi mujer. Es mi familia, es mi vida, es todo".
El paréntesis de 2015
El matrimonio ya conoció sus horas bajas en 2015, cuando una crisis desembocó en una separación temporal. Durante aquel paréntesis, Montero ha dado a entender que se permitió algún que otro flirteo con otras mujeres. "Rompí todo. Dije: 'A la mierda", ha resumido.
También ha contemplado la hipótesis inversa. Al plantearle qué ocurriría si fuese Marisa quien emprendiera una nueva conquista, ha admitido que el trance no le resultaría inocuo, aunque tampoco tendría reproches que hacerle: "Me dolería, pero lo entendería. Yo creo que es tan divertido conocer a alguien, que es una pena...".


