Violeta Mangriñán y Rosalía tienen más en común de lo que podrían imaginarse. Y es que, a pesar de que ninguna de ellas ha interactuado personalmente, sí que han "compartido" el mismo espacio. Porque, como suele suceder en los círculos de famosos más selectos, cuando un lugar se hace popular, por sus puertas pasan todo tipo de rostros reconocidos.
Prueba de ello se vivió en el Bar Bocata, de Barcelona. Y es que, las pasadas Navidades, la cantante quería disfrutar de un bocadillo, pero no podía acudir como cualquier otro cliente. Así, para evitar problemas por su fama, el equipo detrás de la intérprete se puso en contacto con Quim Crespo, el dueño, e hizo una petición muy especial.
"Recibimos una llamada una hora antes de que llegara ella, pero no nos dicen que es ella", recordó en una reciente entrevista para el programa de radio de La Ser, La Treva. Porque lo que no se podría haber imaginado es que, en lugar de utilizar su nombre, dijeron que quien acudiría sería la influencer Violeta Mangriñán. "No nos llama ella, sino que nos llama su representante y nos dice que vendrá Violeta", aseguró.
Pero, la influencer nunca pasó por sus puertas, sino Rosalía. "Nosotros le decimos si quiere una mesa normal o cómo, y 'sí, sí, una mesa normal'; pues le hacemos la reserva y al cabo de una hora aparece Rosalía", destacó. Aunque lo más llamativo no fue solo que se tratase de un "aviso falso por parte del agente" de la intérprete, sino el comportamiento de esta.
"Realmente se sentó aquí detrás; estaba en medio del local, no estuvo ni camuflada ni escondida ni nada; en medio de todo el mundo", destacó. Algo que chocaba mucho con la actuación del agente. Normalmente, en este tipo de casos los famosos utilizan diferentes nombres para evitar ser vistos o problemas con fans, pero ella se relacionó con total naturalidad.
"Ella llega muy tarde y pide mucha comida. Entonces el bocadillo de butifarra no se lo acaba y lo pide para llevar y cuando lo pide para llevar, yo le llevo el bocadillo y unas pegatinas. Al cabo de un minuto o dos, vuelvo y le digo: 'Osti, nos podríamos hacer una foto', y en lugar de hacer una foto... ¿Sabes cuándo pulsas el botón del iPhone que hace vídeo? Pues es cuando sale el vídeo y ella tiene el logo aquí (en la frente) y yo me equivoco y le digo: 'Osti, ¡perdón!', y ella con la pegatina del Bar Bocata en la frente. Fue muy chulo", recordó Quim.
La anécdota rápidamente se volvió viral en redes sociales y llegó a la propia Violeta. Así, con cierta ironía y sin poder creérselo, compartió la entrevista con una divertida petición. "Me deben un bocadillo de butifarra", escribió a través de las historias temporales de su perfil de Instagram.



