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Lisi Lidner, actriz: “La maternidad me ha quitado el miedo a esta profesión de altibajos”

Lisi Lidner, actriz: “La maternidad me ha quitado el miedo a esta profesión de altibajos”
Viola Lumina

19/07/2026 08:00

Durante mucho tiempo, Lisi Linder pensó que ser madre significaba, de algún modo, poner en riesgo su carrera. El miedo a tener que parar, a perder oportunidades o a no poder volver estaba ahí mucho antes de que llegara su hijo. Por eso retrasó una decisión que llevaba años rondándole la cabeza. “Nunca va a ser el momento”, terminó diciéndose. Y tenía razón: el momento perfecto no existía.

La realidad fue muy distinta de la que había imaginado. Rodó hasta el séptimo mes de embarazo y, después del nacimiento de su hijo, decidió detenerse durante un año. No porque faltaran proyectos, sino porque quería hacerlo. “Y no ha pasado nada. Un año es un pestañeo”, dice ahora para La Vanguardia, convencida de que aquella pausa le ha servido para volver con más claridad sobre lo que quiere.

Formada entre Sevilla y Madrid, Linder comenzó sobre los escenarios siendo apenas una adolescente y poco a poco se ha ido haciendo un hueco en la ficción española con títulos como Mar de plásticoVis a visServir y protegerLas largas sombras o la reciente Ella, maldita alma. Su carrera ha alternado televisión, cine y teatro, un medio al que precisamente regresará después del verano con un laboratorio de creación escénica junto al director Rubén Cano, también su pareja.

“Me apetece asumir retos profesionales, explorar nuevos personajes y salir de mi zona de confort”, explica. Lo dice sin la sensación de urgencia que reconoce haber tenido durante buena parte de su carrera. Hoy sigue queriendo trabajar, pero también puede permitirse elegir. Si aparece un rodaje fuera de España, tendrá que compensarle. Si llega una serie diaria, también. Lo importante ya no es acumular proyectos, sino que le interesen de verdad. “Estoy muy abierta a que venga el trabajo, pero sí siento que este es un momento para asumir riesgos interpretativos”.

Esa mirada más pausada también tiene que ver con la experiencia. Cuando recuerda a la actriz que empezó en el audiovisual tras Mar de plástico, reconoce que vivía pendiente del siguiente gran papel. Sentía que todo tenía que ocurrir cuanto antes. Hoy se diría justamente lo contrario. “Esto es una carrera de fondo. Hay que disfrutar de cada personaje, de cada prueba y de cada paso del camino”. Ahora está convencida de que los mejores proyectos pueden llegar a cualquier edad y de que la profesión no entiende de fechas límite.

Su manera de interpretar, sin embargo, apenas ha cambiado. Le interesa desaparecer detrás de cada papel y alejarse de la tentación de interpretarse siempre a sí misma. Aunque reconoce que hay algo inevitablemente suyo que termina filtrándose en todos los trabajos. “Conecto desde un lugar muy emocional, muy visceral, y esa humanidad siempre acaba estando ahí”. Lo que intenta cambiar es todo lo demás: la corporalidad, el imaginario, la manera de ocupar el espacio.

Lisi Linder.Lisi Linder.Otros

Entre las casualidades que ha vivido en la profesión hay una que recuerda con especial cariño. En Ella, maldita alma interpretaba a una mujer embarazada y, aunque hizo el casting sin saber que ella también lo estaba, descubrió la noticia cuando el rodaje ya había comenzado. “Fue una sincronía muy bonita”, dice.

La maternidad ha cambiado muchas más cosas que la organización de su agenda. Habla de una reordenación completa de las prioridades, de un foco distinto y, sobre todo, de una tranquilidad que antes no conocía. Durante años aplazó el deseo de ser madre porque pensaba que podía costarle la carrera. Al final, dice, fue precisamente ese deseo el que terminó imponiéndose al miedo. “La vida no es solo el trabajo”, se repetía antes de tomar la decisión.

Lo que encontró al otro lado fue una versión distinta de sí misma. “Se reconfigura todo al cien por cien”, asegura. Ya no vive pendiente de sí misma, siente que tiene las ideas más claras y, paradójicamente, afronta la incertidumbre del oficio con más serenidad que nunca. “Ya no tengo miedo a esta profesión de altibajos”, admite. “Y eso que ahora tengo una boca más que alimentar”.

Ese año lejos de los rodajes también le ha servido para reconciliarse con la profesión. Echarla de menos le confirmó que seguía siendo el lugar donde quería estar. “Me estoy reenamorando de la vocación. Ahora quiero trabajar, sentirme realizada y disfrutar de construir”.

Fuera del trabajo mantiene rutinas que le ayudan a bajar el ritmo. Es profesora de yoga desde hace años, después de formarse en la India, intenta meditar siempre que puede y busca cualquier excusa para caminar. Incluso estudia los guiones paseando por parques, con las separatas grabadas en los auriculares. Dice que en casa siempre encuentra algo con lo que distraerse; caminando, en cambio, consigue concentrarse. También cocinar forma parte de esos pequeños refugios cotidianos.

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Cuando mira atrás, lo que más agradece no es un proyecto concreto ni un momento de éxito. Es haber comprobado que muchos de los miedos con los que convivió durante años no eran tan grandes como parecían. “Doy gracias por haberme atrevido a dedicarme a lo que amo”, dice. Y también por haber descubierto que una pausa no siempre significa detener una carrera; a veces sirve, simplemente, para volver a ella de otra manera.

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