El 2 de julio de 1999 la top Cindy Crawford y su marido, Rande Gerber, vivían el momento más feliz de sus vidas: nacía en Beverly Hills su primogénito, un precioso niño rubio al que llamaron Presley. Cindy, una de las top de los años 90, había estado casada con Richard Gere, pero el matrimonio no tuvo descendencia. Su boda con el empresario Gerber fue una sorpresa que el tiempo confirmaría como feliz y duradera.
Cindy y Rande posaban con aquel niño guapo y tímido que seducía a las cámaras en cualquier alfombra roja. Dos años después, nació su hermana Kaia, hoy una solicitada modelo, tan parecida a su madre que a veces cuesta diferenciarlas.
Presley se convirtió en un guapo adolescente que practicaba deportes como el surf, hasta que a los 14 años fue contratado como modelo por las grandes marcas. Su vida se vio de repente orientada en otra dirección: se terminó el deporte, comenzaron los viajes, las fiestas... Sus problemas de salud mental ya le acompañaban entonces -no se sentía suficientemente válido y tenía muchísimas inseguridades-. En apenas unos años abandonó su carrera como modelo.
Presley se tatuó la palabra "misunderstood" (incomprendido) en la cara y fue arrestado por conducir bajo los efectos del alcohol. "Empecé a trabajar alrededor de los 14 años, y comencé a viajar y dejé de practicar todos los deportes", contó Presley en Instagram en marzo de este año. "Cuanta menos actividad física había en mi vida, y cuanta más medicación tenía que incorporar a mi vida, mi calidad de vida disminuía rápidamente debido a la reducción de endorfinas y dopamina naturales".
Presley fue diagnosticado con TDAH (Trastorno de Déficit de Atención), por lo que le costaba centrarse en cualquier trabajo. Se dedicó desde la fotografía a las inmobiliarias, aunque tener tatuada una hoja de marihuana en la mano y en la cara la palabra "incomprendido" no parecía una garantía para los compradores.
A comienzos de 2026, Presley Gerber llegó a plantearse formarse como terapeuta o consejero especializado en adicciones, una vocación que encajaba con su deseo de ayudar a personas que vivían experiencias similares a las suyas. Sin embargo, su falta de formación académica reglada representaba un obstáculo importante.
El tiempo pasaba mientras su consumo de los opiáceos (recetados por los médicos contra la depresión), y de otras drogas, como la cocaína y la ketamina, conseguían apartarlo del camino correcto. Estuvo varias veces ingresado, hasta que el 19 de septiembre entró en el Revolution Living, una clínica de lujo en Los Ángeles, donde doce horas después, al parecer por sobredosis, aparecía muerto, sentado junto a su cama.


