Ser o no ser royal. Esa es la cuestión para el príncipe rebelde de Dinamarca. Perdón, del Reino Unido. El hijo pródigo ha vuelto a casa cuando nadie le esperaba. Mucho antes de Navidad. Y se ha llevado un buen chasco de parte de su padre. Por si había alguna duda, Carlos III se ha apresurado a anunciar que ni él ni su mujer son miembros activos de la familia real británica y que cualquier compromiso que realicen en el país será a título privado.
Los duques de Sussex KOLA SULAIMON / AFPConvertidos en dos “ciudadanos privados”, Enrique y Meghan Markle han iniciado su andadura británica tras seis años de exilio voluntario en Estados Unidos, donde las cosas no han ido como esperaban. Y así siguen. El duque de Sussex ha recibido otro derechazo donde más duele. Uganda ha decidido retirarse de los Juegos Invictus, la competición deportiva para veteranos de guerra que impulsa el príncipe. Y no ha llamado a ningún diplomático para que escribiera las razones del abandono. El general Muhoozi Kainerugaba, jefe de las Fuerzas de Defensa del país e hijo del presidente ugandés, a quien no le van las metáforas, se encargó en persona: “No participaremos en nada que no tenga la aprobación de Su Majestad. Tengo facciones en el Ministerio de Defensa que apoyan esos sinsentidos de Enrique y Meghan. Tuve que acabar con ello inmediatamente. Apoyo al monarca. Punto”. Pues punto.
Mientras la pareja encaja los golpes de su aterrizaje forzado en tierras británicas, busca acomodarse en los bucólicos Cotswolds, una zona rural muy acomodada. De momento, ha matriculado allí a sus hijos Archie y Lilibet, que ya han empezado la escuela. Sin foto de primer día. Como buenos “ciudadanos privados” que son.
Los príncipes de Gales con su hijo Jorge ADRIAN DENNIS / AFPEn cambio, su primo mayor, Jorge de Gales, acudió acompañado de sus padres a Eton College. A pesar de la intensa lluvia, hubo posado, sonrisas e incluso foto oficial del joven con el uniforme del internado donde también estudiaron su padre y su tío. Con trece años, el heredero del heredero empieza una nueva etapa en su formación que ha quedado inmortalizada para la posteridad, tal y como ocurrió cuando ingresó en la institución el príncipe Guillermo, que acudió junto a sus padres y hermano. La historia se repite.
Leonor vuelve a las aulas A sus veinte años, la princesa Leonor no necesitó apoyo para iniciar su nueva etapa formativa como estudiante del grado en Ciencias Políticas. En esta semana marcada por el arranque del curso escolar, la heredera al trono español acudió, como una más entre 4.000 estudiantes, al campus de la Universidad Carlos III de Madrid. “Aquí de Alteza y Princesa, nada. Aquí es solo Leonor”, dijo uno de los camareros de la cafetería. Mientras, en la calle unos 50 fotógrafos y periodistas captaban su sonriente ingreso universitario. Eso mismo, como una más.
Marius Borg en el funeral del rey Harald Markus Schreiber / Ap-LaPressePero si hay comienzos, también hay finales. Y la realeza, especialmente activa en esta rentrée, despidió con todos los honores al rey Harald de Noruega. Su entierro fue de los que se recuerdan. Más de 40 royals de alto rango despidieron al que fuera el más veterano de los reyes en activo. Más allá de la lógica emoción de la reina Sonia e incluso de su hijo Haakon y Mette-Marit, las miradas se centraron en Marius Borg. El joven, que ha sido condenado en primera instancia a cuatro años de prisión por cargos como dos violaciones y violencia doméstica, asistió al entierro como un ‘nieto’ más del monarca. Eso sí, con tobillera electrónica. No fuera a ser que tanta expectación mediática le animara a salir corriendo.
Pero cómo son las cosas. Con su madre convertida en reina, el joven, que permanece en prisión preventiva en la finca de Skaugum donde todavía residen los nuevos monarcas, ha recibido una buena noticia tras el funeral: el Tribunal de Apelación ha admitido su recurso y habrá un nuevo juicio para que pueda demostrar la inocencia que tanto defiende. Que lo consiga ya será otro cantar.
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