Dos meses largos después de su muerte, la herencia del rey Harald de Noruega está dando mucho qué hablar. Según la prensa local, dos de las residencias privadas que pertenecían a Harald y a su mujer, la reina Sonia, han cambiado de titularidad en los registros inmobiliarios.
Sin embargo, el misterio es todavía mayor, porque no se ha hecho pública la identidad de las personas que figuran como nuevas propietarias de estos inmuebles.
Las dos residencias son Kongsseteren y Prinsehytta. Según la información adelantada por el diario noruego Nettavisen, ambas fueron inscritas a nombre de nuevos titulares el pasado 20 de octubre. Pero la casa real no ha querido desvelar quiénes están detrás de las operaciones.
Kongsseteren es una de las propiedades más representativas de la monarquía noruega. Situada en Voksenkollen, una zona de Oslo, fue un regalo de los ciudadanos a los nuevos soberanos, Haakon VII y la reina Maud, en 1905, cuando Noruega se separó de Suecia.
Prinsehytta es un complejo situado en el valle de Sikkilsdalen. Su historia se remonta a principios del siglo XX, cuando fue concebido como regalo para unos príncipes suecos.
En 1924, el príncipe heredero Olav recibió la residencia como obsequio por su mayoría de edad y, después, pasó a manos de su hijo Harald. El monarca y Sonia acostumbraban a disfrutar allí de las vacaciones de Pascua. Él, gran aficionado a la caza, disfrutaba de la misma en este lugar.
La familia se enfrenta ahora a la organización del patrimonio que ha dejado el monarca. Una herencia que podría alcanzar los 400 millones de coronas noruegas (casi 40 millones de euros).




