Fue uno de los rostros más atractivos de la televisión de los 2000, pero reducir a Aitor Trigos a una cara bonita sería tremendamente injusto. Tenía una capacidad de improvisación extraordinaria, tal vez porque aprendió el oficio gracias al indomable e inolvidable Carlos Ferrando y la multidisciplinar Concha García Campoy. Sin hacer demasiado ruido, terminó convirtiéndose en una de las grandes promesas de la pequeña pantalla.
Presentó programas en Antena 3, Televisión Española y Cuatro. Las cámaras lo buscaban, el público lo reconocía y el futuro parecía haberle reservado un lugar privilegiado. Sin embargo, los focos se apagaron y, tras ellos, comenzó una etapa mucho más oscura. Una caída a los infiernos de la que todavía no ha podido salir.
Los últimos años de Aitor han sido especialmente complicados. El presentador rompió de manera fulminante con quien fuera su marido, con el que compartía la crianza de dos menores en acogida, y buscó huir, escapar, del domicilio conyugal. Una separación dolorosa que coincidió con un delicado momento personal y con graves problemas de salud.
La situación ha llegado a ser tan preocupante que Aitor ha necesitado ingresar en un hospital, donde ha permanecido varias semanas. Su entorno más próximo ha seguido su evolución con discreción, intentando protegerlo en un momento en el que cualquier ruido podía resultar ensordecedor.
El presentador prefiere, por ahora, no realizar declaraciones públicas sobre lo ocurrido. Sin embargo, 20minutos ha podido saber que desde hace meses busca refugio en un pueblo, lejos de los escenarios y de la toxicidad que habría marcado parte de su vida. Su intención es sencilla de explicar, aunque mucho más difícil de cumplir: empezar de cero, recuperar la estabilidad y aprender a vivir sin mirar constantemente hacia atrás.
Quienes lo quieren permanecen pendientes de él. Preocupados, pero también ocupados en conseguir que contemple el futuro como una posibilidad y no como una amenaza. Le recuerdan que todavía queda vida después del dolor y que reconstruirse también consiste en aprender a festejar cualquier avance, por pequeño que resulte.
Durante años, Aitor Trigos supo llenar los silencios de la televisión gracias a su capacidad para comunicar. Ahora afronta el reto más difícil: encontrar las palabras y la calma necesarias para reconstruir su propia historia. Lo conseguirá. Tiene a los mejores a su lado.

